Aventuras en Tijuana – Capítulo 15: Mad Dog Mateo con los Locos de Sudáfrica.

Tengo un tour pasado mañana. Vienen unos Británicos disque a grabar un documental siguiendo a un piloto comercial por el mundo. Son cinco en total. El piloto, el director, dos cámaras y el vato de sonido. Lo más seguro es que se va a poner interesante. 

Tengo trabajo mañana en San Diego. Hay un nuevo equipo de rugby llamados SD Legion. Se supone que va a llover. Lo más seguro es que se va a poner interesante.

Interesante. De eso quiere que se trate mi vida. Debería viajar más por el mundo en vez de recibir viajeros aquí. Echarme seis meses viviendo en una ciudad diferente por el resto de mi vida. Escribiendo mil palabras al día de todas mis experiencias. 

Viajero profesional. El trabajo de mis sueños.

Pero por ahora estoy atorado en Tijuana.

No me alcanza para irme de viaje. No me alcanza para muchas cosas. Estoy ahorrando para un carro. No he tenido un carro desde que vendí el que tenía cuando llegué a Tijuana. Ahora necesito uno. 

Interesante.


Muchas cosas interesantes han estado sucediendo.

Una de las historias que siempre cuento es una que casi ni me acuerdo. Muchos de los partys de despedida de solteros se mezclan en mi mente como una historia gigante. 

Y luego hay eventos especiales que no son despedidas de solteros pero si son mega parties.

Tuve un tour super aburrido con una pareja de australianos hermosos. Eran veganos y llegaron a Tijuana a mediodía. Ese tour fue uno fácil de olvidar. La pareja era de revista, se dedicaban al modelaje, pero no tenían nada de personalidad. El tour fue de los más tranquilos y aburridos que he hecho. 

También llegaron otros australianos. Tres para ser exactos. Amigos de la esposa de uno de mis muy buenos amigos. Si. Amigos de amigos de amigos que llegaron por amigos.

Los tres estaban medio gorditos. Uno era un pecoso y pelirrojo con el pelo y la barba larga como naufrago. El otro era comediante simpático y joven pero lleno de canas, su orgullo era que el Twitter de Playboy le daba retweets a sus chistes. Y el otro era un DJ gordito pelón con cara de bebé. 

Los tres juntos eran chistosísimos. 

Les di tour por un par de días. La primera noche los lleve al Hong Kong. El comediante y el DJ se empezaron a pelear a palabras por alguna pendejada. El pelirrojo los ignoró y de repente tenía una chica hermosa arriba de sus piernas. La morra le dijo que amaba a los pelirrojos. El pelirrojo no se lo creía, tenía una chica arriba y todavía no le compraba un trago. Si le acabo comprando un par de tragos, pero no pasó nada más que eso.

La siguiente noche, después de pasearlos por todo Tijuana, regresamos al Hong Kong. Los lleve por tacos, mezcales, caguamas, y mucho más. Otra vez el comediante y el DJ se empezaron a pelear por una pendejada. Y de repente, el pelirrojo desapareció. 

No nos dimos cuenta ni como ni cuando.

Regresó media hora después con una sonrisa en su cara y con la misma chica que había tenido en sus piernas la noche anterior. Al parecer, la morra lo reconoció, y mientras los otros se peleaban, el dude si se fue con ella al cuarto. 

Eso se siente como si hubiera sido hace mil años. Los dudes amaron los tacos Kokopelli. En ese entonces solo tenían su carreta callejera. Estaban convencidos que los tacos serían un éxito en Melbourne o en cualquier lado de Australia. Querían abrir una franquicia. 

Prometieron volver.

No han vuelto. De vez en cuando me mandan mensajes que se acuerdan de sus noches en Tijuana y dicen que volverán. 

No han vuelto.

No he visto a mi buen amigo ni a su esposa en un par de años. No están tan lejos. Los Ángeles está cerca, tengo planeado visitarlos. Pero por ahora, estoy atorado en Tijuana. 

Pero nel…

La historia que cuento no es la de los australianos, sino la de los dos Sudafricanos.


Los sudafricanos rompieron mi record de que tanto se puede comer y beber en dos noches en Tijuana. 

No me acuerdo ni como me contactaron, pero me acuerdo cuando los conocí.

Se quedaron en el Hotel Ticuan. Los conocí en el lobby. Eran dos mejores amigos ya en sus cuarentas. Ambos eran ricos. Uno de ellos tenía su casa y negocios en Malta. Los dos eran dueños de más negocios en Sudáfrica. Los dos estaban casados y tenían hijos. 

Cada año, por dos semanas, dejaban toda su vida atrás y se iban de party a Las Vegas. Se gastaban miles de dólares en esas dos semanas haciendo todo su desvergue solo ellos dos. Sus dos semanas de todo vale madres, vamos hacer lo que se nos hinche.

Ese año me encontraron a mi. Y encontraron a Tijuana.

Me amaron de inmediato cuando mencioné que me gustaba Die Antwoord. Y les caí mejor cuando les dije que District 9 era de mis películas favoritas. 

Cuando vivía en Los Ángeles instalaron letreros en bancos y en paradas de autobuses de la película. Pero no parecían posters de la movie. Solo decía algo como “aliens not allowed, humans only.” Parecía más obra de arte que poster de película. 

Del lobby nos movimos al bar del Ticuan y agarramos cheves. Tres cheves cada quién que nos tomamos en putiza. No eran ni las cuatro de la tarde. 

Llegó la cuenta. Eran $9 dólares. 

Los sudafricanos pensaron que eran $9 dólares por cheve. 

Nel. Les dije que eran $9 por las nueve cheves. Cada cheve cuesta un dólar en el Ticuan. Los del Ticuan son dueños de muchas cosas en la ciudad incluyendo muchos bares. En esos bares las cheves también suelen costar un dólar o menos.

Los sudafricanos se empezaron a reír. No podían creer que un hotel tan grande y limpio vendiera cheves tan barato. 

Tiraron un billete de $20 dólares y nos fuimos del hotel. 

El tour fue clásico. Comida, cheves artesanales, más bares y tragos y a los congales. 

Antes de ir a los buenos congales me pidieron que los llevara uno de mala muerte para calentar motores. Sabía exactamente a donde llevarlos.

Al Zorro Bar.

“Well… cum… to Tijuana!!! eXXXotic girls!” 

Así dice el espectacular afuera de el Zorro. Ese congal está al lado de uno de mis bares favoritos, el Nelson. Me encuentras ahí a diario. O bueno, chance y ya no para cuando leas esto.

Fuimos al Nelson antes de ir al Zorro. 

Aquí aprendí algo de mi que no sabía. Don Julio me causa lagunas mentales. 

Por eso digo que no me acuerdo de mucho. Después de dos caballitos de Don Julio, no sé qué pasó. Tengo flashes de lo que pasó, pequeñas memorias de debraye y cochinadas. 

Nos tomamos los dos shots de Don Julio y unas cheves. Los sudafricanos eran ricos, les valía madre cuánto costaban las cosas. Estaban acostumbrados a Las Vegas. Tijuana no era un gasto.

Me desperté el siguiente día confundido de como llegué a casa. Lo primero que chequé fueron mis cosas. Y ahí estaba mi cartera, mi celular, mis llaves y un billete de $100 dólares en mi escritorio. En el mismo escritorio donde escribo esta mierda. No me acordaba mucho de lo que pasó la noche anterior, lo siguiente que hice fue checar mi ano.

Literal me toqué las nalgas para saber que no me había pasado nada por Detroit. ¿Porque más iba a tener $100 dólares extra? 

Mi ano estaba a salvo.

Chequé mi historial de Uber. Me di cuenta que pedí un Uber del Ticuan a mi casa un poco antes de medianoche. 

No llegué ni a la medianoche.

Les marqué a los sudafricanos para saber que pedo. Les dije que no me acordaba de nada después de los shots de Don Julio. Estaba tan crudo y confundido.

Me dijeron que no me preocupara. Que fui un excelente anfitrión.

Les dije que iba a Telefónica Gastro Park a desayunar y a tratar de curarme la cruda. Este popular food truck de Tijuana empezó en el 2015 y ha cambiado por completo. En ese entonces estaba en su lugar original. Hasta salió en el New York Times y la mamada.

No era lo que es ahora, pero aún así era bastante popular. Especialmente para un sábado al mediodía.

Los sudafricanos me vieron ahí.


Y si, me puse a escuchar a Die Antwoord para escribir todas estas pendejadas. 

Mad Dog Mateo!

Así me pusieron de apodo.

Mad fucking Dog Mateo.

Pachangas Matt y Mad Dog Mateo.

Esos días de locura ya se acabaron para mi… creo…


Sábado por la mañana en Telefónica. Bueno, era la mañana para la gente cruda como yo. Hora de un buen brunch.

Los sudafricanos pidieron comida de todos los food trucks. Y luego fuimos al bar. Demasiado temprano para andar tomando cerveza artesanal. Pedimos caguamones. 

Y…

También shots de mezcal.

Nos quedamos comiendo y bebiendo en Telefónica por un par de horas. Ya estábamos pedisimos y no eran ni las tres de la tarde. 

Estábamos siendo latosos y desagradables contando historias de lo que pasó la noche anterior… en un lugar con familias. “Yo dude, you had like two chicks on top of you and you were wasted.” Tipo así. Pero gritando. En algún punto de la noche, teníamos dos chicas cada quién. No tengo idea cuanto dinero se gastaron, pero fue un chingo. Nos terminamos una botella y media de mezcal y seis caguamones más toda la comida. Nos gastamos más de $300 dólares nada más para empezar el día.

Una mesera gordita nos traía los shots de mezcal. Antes de que se fuera, los sudafricanos se tomaban los shots y le pedían que trajera otra ronda. Borrachos y latosos contando historias de congales y cochinadas que pasaron rodeados por familias y gente normal. Tan siquiera todo era en inglés y con el acento raro de los sudafricanos. Aún así, ya estábamos borrachos y de castrosos super temprano.

Como a las cinco de la tarde, uno de los sudafricanos me dijo que si podía conseguirle cocaína. Tenía un buen contacto y le marqué. Obviamente se tardó un par de horas como todo buen drug dealer, pero me entregó una buena bolsita de coca por $50 dólares. Eso te compra bastante coca en Tijuana (especialmente con un buen contacto).


No expliqué ni como llegué a tener un contacto que me vendía blancanieves. Fue en un juego de poker con el dude que me vendía mota. Llegué a su casa a recoger y me invitaron a jugar. Les estaba ganando. De hecho, les estaba poniendo una putiza. El dealer de coca estaba regalando coca para la mesa. Se notaba que se estaba emputando de que estaba regalando coca y yo estaba limpiando la mesa (de dinero, de coca solo poco). Las apuestas no eran ni de mucha lana, se estaba enojando más por el hecho de perder. Me deje perder un par de veces y me fui de la casa. Y así ese dude se volvió mi contacto de cocaína. Y es la mejor cocaína que he probado en mi vida.

No he visto a ese dude en años…


Había unos tacos coreanos en ese entonces llamados KoMe (no duraron). Estaban deliciosos pero extraños para los Mexicanos y un poco salados. 

Y después de esos tacos… querían regresar al Zorro Bar. Virtualmente repetimos la noche anterior donde se me borró la memoria. Les dije que los shots de Don Julio fueron los que me causaron el blackout. Les valió madres y pedimos más shots de Don Julio antes de regresar al Zorro. 

El gerente de ese congal pitero se volvió mi cuate. Me dijo que no había visto tanto dinero gastado en el tiempo que había trabajado ahí. Que me traía varias chicas pero que yo estaba pedisimo y solo le decía que no. Los sudafricanos les daban dinero para que me siguieran trayendo chicas y alcohol. Una de las más viejitas del antro era la más animada en convencerme de irme con ella y me acuerdo que ella se quedó conmigo por un buen rato. Los sudafricanos estaban tomando y metiéndose cocaína en el bar como si nada mientras agarraban a todas las chicas.

Esto es el Zorro Bar. Todas las chicas no son muchas chicas. Es de los peores congales de la ciudad. Es un hoyo negro. Pero es un hoyo negro que nos dejaron hacer lo que quisieramos. Los privados están a lado de los baños y parecen closets sucios y  horrendos. En dónde está el escenario general (y pequeño) hay espejos pegados en la pared pero no de una manera bonita. Como que intentaron hacer algo creativo pero no les salió para nada y dijeron chingue su, déjalo así. 

Es una mierda de lugar. Pero también es anarquía y dejarnos hacer lo que nos plazca.

Las cheves son super baratas para ser un lugar con muchachas encueradas. Las mujeres también son baratas. Ya tienen cicatrices de batalla. Y una es obviamente una transsexual. Pero era lo que les gustaba a los sudafricanos.

Que fuera un lugar asqueroso y barato. También les gusto mucho el Hong Kong y el Adelitas, pero decían que no era real. Y que estaba demasiado grande. Y con demasiadas chicas. Les gustaba lo sucio.

Esas dos noches con esos pinches locos lo más seguro se gastaron más de mil dólares cada quién. Definitivamente más. A mi me pagaron $300 dólares por irme dos noches de party con ellos (y todos los gastos). Ambas noches, después de los shots de Don Julio, solo tengo destellos de memorias.

Ahora cuando camino enfrente del Zorro en camino al Nelson el gerente me saluda. Y se burla de mí por lo que pasó esa noche. Estoy seguro que reconozco a la vieja puta que tuve en mis piernas toda la noche. No estoy seguro si ella me reconoce o me recuerda. Me saluda como cualquier otro turista y trata de que me la lleve al cuarto o que le de dólares. 

¿Imagínate cuantas historias locas puede contar esta señora de más de cincuenta años?

No sé si quiera saberlo.

Vivo demasiado cerca a todo el debraye.

Ya estoy desensibilizado. 

Como la mayoría de las personas que se avientan un tour conmigo, me prometieron regresar. No han regresado. Me dijeron que ya no iban a regresar a Las Vegas ya que descubrieron Tijuana. No he sabido de ellos después de esas dos noches de locura. No me importaría volver a ser Mad Dog Mateo. Mientras me pagan bien por ello.

Capítulo 16: Reality Show como el Fake Dog Mateo

Estoy trabajando en traducir mi libro Tijuana Adventure: Confessions of a Tour Guide, encuéntralo en Inglés en Amazon.

En los siguientes días estaré posteando mi “draft” antes de finalizar el libro en Español y buscar a un publicista o agencia en México que quiera publicarlo para que se difunda por la República Mexicana. Si te gusta lo que escribo, también puedes apoyarme en mi Patreon.

Foto por: @Baja_Boudoir

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s