Aventuras en Tijuana – Capítulo 14.5: Rumble Fest, Ácido y Meth.

Capítulo 14.5: Rumble Fest, Ácido y Meth. 

El festival terminó. Todo era un desastre. Perdimos mucho dinero. Y apenás y pude dormir. 

Todavía le debía $400 dólares a Mothers of Gut y a Habits que vinieron desde Los Ángeles. Ellos no la pasaron muy bien excepto cuando estaban en el escenario. También les fue bien después de tocar en el party. Les fue horrendo en el camino a Tijuana. Se les ponchó una llanta a su van, tuvieron problemas cruzando la frontera, se perdieron y en general les fue mal. 

También se subieron al escenario mucho más tarde de lo que se les había dicho, pero cuando se subieron lo dieron todo.

No solo les prometí los $400 dólares de paga… también les dije que les iba a cubrir sus gastos. No pude más que pagarle $400 dólares. Era todo lo que tenía. En el banco tenía $464 dólares… me quedé con $64 para vivir. Y no tenía un empleo real.

Pensábamos que íbamos a ganar dinero con el Rumble Fest. Nos equivocamos por mucho. Y había todas las señales que era obvio que algo estaba mal. Yo lo sabía. Pero nos estábamos divirtiendo demasiado para que importara. 

Crucé la frontera con Mothers of Gut y Habits, saque el dinero del cajero, y les di sus $400. No dormí más que por 20 minutos después del festival. Llevaba más de 24 horas despierto y crucé la frontera como zombie, lo cual tardo horas. Regresé a casa destrozado. Y casi sin dinero.

Agarre pan y otros ingredientes para hacer sandwiches sencillos. Compre un montón de agua. Y me comí varios ácidos que tenía. Y me quedé en mi cama por lo que se sintió como días.

Después de todo lo que sucedió, era mi turno. Todo mundo en el festival estaba en ácido menos yo. Sentí como mi cuerpo flotaba en medio del cuarto mientras escuchaba conciertos en YouTube de bandas como Battles (en vivo en la CDMX) y otras bandas parecidas a las que estuvieron en el festival. Descanse en ácido. Mi cuerpo levitando en medio del cuarto rodeado de vibraciones musicales. 


Meses antes de Rumble Fest organizabamos shows y mini-festivales más que nada en el Mous Tache Bar. Bandas que iban a tocar en el festival normalmente era el headliner mientras bandas que querían tocar en el festival pero ya no había espacio llenaba todas las otras horas. Hacíamos uno o dos shows cada fin de semana. Y siempre involucraba alcohol, drogas y música.

Sexo. Mucho sexo también estaba involucrado.

Los tres éramos solteros. Y controlabamos la entrada, la escena, el escenario y el party. El party nunca terminaba. 

El party empezó desde que tuvimos la idea de hacer Rumble Fest. Trabajábamos, pero la mayor parte del tiempo era puro party. Y hablar ideas. Y hablar con las bandas.

Yo hice un chingo del trabajo que se tenía que hacer.

El sitio web. Las ideas. La logística. Realmente construir lo que va a ser un festival. Siempre había soñado en construir un festival perfecto. Sabía que había muchas cosas que estaban mal, pero los demás no me querían hacer caso. Lógistica…

Tenía contactos en la industria de la música y también vendedores.

David fue el de la idea loca y también tenía muchos contactos con bandas y con gente que se dedica al party.

Chad conoce a todo mundo en San Diego y es amigo de grandes artistas y bandas.

Por tres meses nos juntabamos a caguamear y a coordinar todo.

J-Mar vino después. Tenía sus propios contactos y sus propias ideas de cómo iba a ser el festival. Su banda, Some Kind of Lizard, abrió el festival. Necesitábamos el apoyo de J-Mar.

Después de muchos shows previos, se acercaba la fecha del Rumble Fest. La fecha del festival era una semana después de mi cumpleaños. 

Echamos el último party a celebrar todo el desmadre y el alboroto que estábamos causando. El party fue en el gimnasio, con nuestros socios. 

Había bastantes Tecates y tomamos por horas. También había cocaína y aunque no me gusta, dije chingue su madre, venga p’acá. 

De repente, se nos estaban acabando las cheves y ya no había cocaína y ya había pasado media noche. Alguién dijo que tenía el contacto para traer más cheves. Pasaron unos cuarenta minutos y ya quedaba solo una cheve. Y en eso llegó el contacto con otro 24 de Tecates y con más cocaína.  

Se salvó el party… por un momento.

La cocaína estaba áspera y culera. 

Estábamos en el gimnasio, lo cual significa que estábamos rodeados de espejos. Recuerdo levantarme de la mesa, mirarme al espejo fijamente y pensar… me acabo de meter meth.

Mi pelo estaba como de un loco, mis ojos rojos intensos, me sentía lleno de energía y poderoso. Me dio una sed de todo. 

El siguiente día ese sentimiento siguió. 

Y hasta el siguiente día.

Tomamos Tecates sin parar todo el fin de semana. Más que nada en el Tropics. Por eso me caga ese lugar. Y por muchas otras razones.

La última vez que fui fue en el 2014 unos días antes de navidad. Excepto hace poco que llevé a mis amigos de Minnesota al Tropics. No era tan horrendo como me lo pintaba mi memoria. Pero aún así lo odio. 

Eso fue un domingo. Todavía sentía los efectos de la meta. Y empecé a sentirme de la chingada. Que bueno que no fumo cigarros y nunca me he metido heroína.

Que chingue su madre la meta.

Fue una pinche pesadilla.

Tenía lentes oscuros dentro de un bar a media noche como todo un creído imbécil. Pero los traía puestos porque me dolía horrendo la cabeza y todo el cuerpo. Estaba despierto pero mi cuerpo ya no podía moverse. Tenía la peor malilla que he sentido en la vida. Sabía que lo único que me haría sentir mejor era darle más a la meta. O como le dicen por estos rumbos “el cricais.” Cristal y cocaína. 

¡Que puto asco! 

Para hacer todo peor, en el Tropics estaban cuatro chicas con las que ya había tenido sexo. Una se me hacía una loca con la que salí un rato, la otra era Rosy de la que me enamoré pero ella no quería nada conmigo (estaba con otro tipo), y las otras dos fueron one-night stands. 

Y ahí estaba en el pinche Tropics en esas mesas miniatura. Sintiéndome de la chingada. Borracho hasta la chingada. Y bajoneando de el cricais. Y ex-amantes abundaban en el bar. 

“Tijuana es un cojedero, se cree ciudad, pero es un pueblito.” Me lo dijeron desde el principio cuando por primera vez llegué a la ciudad. Lo era. Todavía lo es.


Faltaba una semana para el Rumble Fest y no había nada listo. Los problemas se acumulaban. Todo se estaba derrumbando. Y la única solución era más drogas y alcohol. 

Limpiamos la fábrica abandonada con escobas medio rotas y con la energía de ácidos, cocaína y Tecates. No teníamos los permisos para el festival. Los vendedores estaban confundidos de cómo iba a pasar todo. El sonido que contratamos era una mierda. Las bandas eran un desastre. Y los organizadores…

Los organizadores nos unieron las drogas, las Tecates y nuestra amistad. Y el creer que podíamos hacer el mejor festival de la historia porque somos unos chingones. 

Para muchos lo fue. Para muchos otros fue también un desastre.

Tuvo sus buenos momentos. Para mi, fue cuando tocó 100 Onces. Fueron los únicos minutos que tuve para disfrutar del propio festival que había creado. 

El resto del festival estuve corriendo por todos lados, respondiendo las preguntas de todos y ayudando en todo lo que podía. Casi todos estaban drogados, lo cual no ayudaba la situación.

Tuve que correr a bandas del escenario por límite de tiempo. Me acuerdo que agarre el talón del baterista de Wax Children para decirle que ya era su última canción. Esa última canción se la extendieron a un mega jam y se estaba tardando un chingo. Tuve que regresar atrás del escenario, esta vez le agarre el talón y lo baje a la fuerza. Todo el horario se fue a la mierda.

Y las bandas. Todas las pinches bandas quieren que los trates como dioses. Todos piensan que son los más grandes rockstars en su cabeza.

Tuve que correr a una banda local que llegaron demandando y no ayudando. Les dije que no podía estar chupandole el pito a todos. El horario estaba super atrasado y ellos querían tocar a la hora que que se les hinchara los huevos. Les dije que no les tocaba, los vi subiendosé al escenario segundos después.

Me subí al escenario y les dije que se largaran de mi festival.

No era su pinche turno.

Pinches bandas creídas. 

No todos eran así. Muchos de hecho eran de gran ayuda. Muchos estaban super drogados y aún así eran una gran ayuda. Y la mayoría parecía que estaban disfrutando el festival que hicimos. 

Solo fue esta banda local que se portaron como unos hijos de su chingada madre. Ya no existen, entonces no vale la pena mencionar quienes fueron. Grandes músicos. Pero su actitud era de la chingada. 

Los más buena onda fueron los de San Pedro el Cortez. No les importaba que estaba pasando mientras que les regalaramos cerveza. Tocaron a las 4 de la mañana, la última banda en tocar. Y fueron felices tocando al último. No les importó hacer soundcheck, directo a tocar y hacer desmadre. Había basura por todos lados y tocaron su rola “Basura” mientras la gente aventaba basura a cualquier dirección. 

Esa fue la última vez que traté de hacer un festival tan grande. No creo que lo vuelva a intentar. A menos de que me paguen un chingo y yo no tenga que invertir nada de mi dinero. Y eso no va a pasar. Entonces… 

No.


Ya casi nunca ni voy a shows. Solía ser mi vida.

Esta semana fui a dos. Se sintió chingón. Debería ir a más. Pero ya no más drogas. Esos días ya se acabaron para mí.

Para eso son tus veintes. 

Hunter S. Thompson no estaría de acuerdo conmigo. 

Uno de los shows a los que fui tocó Kirby Dream Band. Covers de video juegos super nerdo. Fueron fantásticos. 

El otro show fue en Tijuana con mis amigos de Minnesota. La banda Perdición que tocan hardcore. Era mucho ruido. Demasiado ruido. Peligrosamente ruidoso. 

Mis amigos de Minnesota no pudieron con el ruido. Nos quedamos más que por un par de canciones. Eso fue después de un par de noches tirando party en San Diego y en Tijuana. Los de Minnesota andaban crudos y cansados. Aún así nos fuimos de party por la ciudad por un buen rato.

No fuimos a los congales.

Ellos habían hecho un viaje por el sur de Asia y no sentían la necesidad de ir a congales. Las historias que les conté fueron lo suficiente. No necesito tener más historias de esos lugares. Solo me quedan un par de historias embarazosas y pendejas que contar. 

Capítulo 15: Mad Dog Mateo con los Locos de Sudáfrica.

Estoy trabajando en traducir mi libro Tijuana Adventure: Confessions of a Tour Guide, encuéntralo en Inglés en Amazon.

En los siguientes días estaré posteando mi “draft” antes de finalizar el libro en Español y buscar a un publicista o agencia en México que quiera publicarlo para que se difunda por la República Mexicana. Si te gusta lo que escribo, también puedes apoyarme en mi Patreon.

Foto por: @Baja_Boudoir

Modelo: @SweetPetite420_

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