Aventuras En Tijuana – Capítulo 9: La Señorita Pálida Hortaliza Alegría

Capítulo 9: La Señorita Pálida Hortaliza Alegría

Tengo emails en mi folder de “drafts” que nunca he enviado y llevan años ahí. Son ideas y pitches que he querido enviar a editores de revistas como Playboy, The New Yorker, Rolling Stone entre otras. Nunca he tenido los huevos para enviarlos. Le tengo miedo a ambos: que me los acepten o que me rechacen. 

Ha estado lento últimamente. Hice lo que los editores me pidieron. Mande ideas de historias. Y ahora no quiero trabajar en esas ideas. Entonces estoy pensando en mandarles otras ideas. Porque necesito ganar dinero, pronto…

Esto no es lo que originalmente quería escribir, entonces regresó a contar historietas de Tijuana. Nunca trato de escribir nada. Solo escribo.


Sabía que fue un error mudarme con ella después de mi primera noche ahí. 

No pasó nada durante la noche. No recuerdo ni la noche. Lo más seguro es que no fue nada. Mude mis cosas al cuarto que le renté y me puse a acomodar. Mi iMac donde ahora tecleo todo esto la puse en una esquina del cuarto chico pero decente en un departamento culero en el centro de Tijuana. 

La renta era de $280 dólares al mes. Le pague el primer mes y el depósito (osea, $280). Dividido entre los dos, la renta de $280 + gastos me salía bien. Era mucho mejor que vivir con mis papás.

Nada pasó esa noche.

Desperté al sonido de su voz cantando escalas musicales. Lo estaba haciendo mal y estaba desafinada. 

Lo ignore. Sabía que eso era lo que hacía. Tocar teclado y cantar mal. Ya lo había presenciado antes.

De hecho, así fue como la conocí.

Si. Ya la conocía y ya sabía que estaba loca piratona. Cuando me mude me pregunte a mi mismo “¿que tan loca puede estar?”

Su locura fue comprobada desde la primera mañana.

Nos conocimos en un evento hipster en el Pasaje Gómez. Los Tijuanenses locales estaban vendiendo artesanías tipo Etsy. Mi hermano me pidió el paro de ayudarlo en su tiendita. Sabiendo que me iba a aburrir, me llevé mi guitarra y me senté en la tiendita a tocar. 

Se sentó a mi lado sin decir nada.

Después de un rato tocando me dijo en su voz extraña “hola, tocas muy… bonito.” Lo dijo así en español, pero sonaba como si no supiera hablar español. Su voz cambia de tonos y se detiene por segundos en momentos extraños de una frase.

Ese día tampoco pasó nada. Conocí a una chica pálida y extraña.

Unas semanas después la vi en un show de punk en el bar Mous Tache. Lo que hacía en esos días. Caguamear a lo pendejo e ir a shows de punk.

Esa noche, ella estaba vendiendo galletas de marihuana y le compré un par más por lástima que por antojo… No estaban nada buenas y no me hicieron efecto.

Había ido al show yo solo y la vi vender galletas a toda la gente del bar. No le puse mucha atención, pero para el final del show me pegaron las cheves mucho más de lo que me pegaron las galletas. Estaba listo para regresar a la casa de mis papás en Playas.

Antes de irme, me dijo que tenía más mota en la casa y me invitó a su departamento. Caminamos desde el Mous Tache al final de la Calle 4ta donde estaba su depa. 

Su mota estaba bien chafa que ni nos la fumamos. Estaba muy cansado.

Empezamos a fajar en su sofá, se fue al baño, y me quedé dormido. Nunca pasó de ahí.

Meses después me mandó un mensaje diciendo que estaba buscando un roommate. Y me lo dijo justo cuando estaba listo para largarme de la casa de mis papás. 

Chingue su. Sabía que estaba loca. Pero ¿qué era lo peor que podía pasar? 


Esa primera mañana salió de su cuarto en un camisón blanco y largo. De esos que solo las abuelitas usan para dormir. 

Le dije que en mi cuarto tenía platos y cosas de cocina que quería acomodar en la cocina y en los cajones. Me dijo “Ya tenemos platos. ¿Para qué quieres meter más platos? Se van a llenar de polvo.”

Le dije por qué eran mis platos y ella tiene sus platos. Y porque los platos van a la cocina. Que se empezara a referir a las cosas del departamento como “nuestras cosas” ya era una mala señal. 

Dos cajas llenas con cosas de cocina se quedaron arrumbadas en mi closet ya que no quería que cambiara “nuestra cocina.”

Chingue su. Si sobreviviré un par de meses con esta loca y encontraré otro departamento o donde vivir. 

Salí del departamento para llegar a la oficina a las 10:00 a.m.


Antes de mudarme con ella le deje en claro dos cosas. Nada iba a pasar entre nosotros y que necesito el internet para trabajar. 

Me mandó un mensaje a medio día “por favor compra papel de baño por qué necesitamos.”

Lo ignore.

Me mandó otro mensaje “también compra jabón, esponjas y champú.”

La volví a ignorar.

“Compra ese champú.” Me llegó otro mensaje con la marca específica. 

Le mandé un mensaje diciendo que si compro papel de baño pero no tenía que comprar todo lo demás. 

Llegué al departamento en la noche para encontrarla como la había dejado. En su camisón blanco y largo. No hizo nada en todo el día. 

Le pregunté sobre el internet. Me dijo que lo iba a conseguir en la semana. Le pregunté qué había hecho todo el día. Me dijo que vio películas en su laptop y limpió.

Le dije que me gustaría meter más cosas al departamento. Tenía mi tele, mi playstation, y también tenía muebles (ya que solo había uno en la sala). Me dijo que no quería una tele en el departamento porque se la iba a pasar viendo la tele y no quería eso. Tampoco quería más muebles porque se ensucian. 

Logré robar internet a algún vecino pero solo se conectaba en la esquina de mi cuarto y la señal iba y venía. En esa esquina me la pase la mayor parte del tiempo.

 La siguiente mañana salí de mi cuarto, me metí a bañar, y me preparé para irme a trabajar. Ella estaba en la cocina embarrando aguacate a un pan tostado. Le dije que el aguacate es la unica comida que no me gusta.

Me vio a los ojos y me dijo “¿en serio?” y sin soltar la mirada agarró el aguacate y se lo empezó a embarrar en la cara. Según ella lo hizo por que se iba hacer una mascarilla de aguacate, pero lo único que logró fue poner cachos de aguacate en la cara para molestarme.

La ignoré y le dije que me iba a trabajar.

Me dijo “¿No te gusta el aguacate si hago esto?” Se levantó el camisón e hizo como si se fuera a tocar entre las piernas con el aguacate. 

No caí en su juego. Solo le dije que tenga buen día. Y me fui a trabajar.

Cuando llegue en la noche. Lo mismo. No se había movido en todo el día y no hizo nada sobre el internet. Le dije que lo necesitaba para trabajar. 

Me dijo que decidió no tener internet. Aunqué antes de esto me dijo que trabajaba en internet.

¿Qué hacía de trabajo? Se iba con su laptop a cafés de Tijuana y ponía libros y cosas en venta en eBay. Eran libros caros para la universidad que sus padres le habían comprado. Los vendía por centavos.

Nunca supe cómo pagaba renta ni cómo se mantenía. Pensé que vendía marihuana y galletas, pero no. Sospecho que sus papás la mantenían. Y por eso no hacía absolutamente nada todo el día. 

De vez en cuando sacaba su teclado y tocaba en el Parque Teniente Guerrero o en la Plaza Santa Cecilia o en otros spots de la ciudad. No sabía mucho de música. Le dije que le podía enseñar pero no quiso.

Tocaba su teclado mientras se movía en su asiento de manera sexual, tocaba notas al azar, cantaba y gemía sexualmente. Me dijo que como artista, su objetivo era tener orgasmos en público. 

Tenía cartones cortados en su cuarto pintados con plumón. Me dijo que era su banda. Eran dibujos horrendos que se supone eran Freddie Mercury, David Bowie, Prince, y John Lennon. 

No tenía talento ni conciencia de ella misma. Y siempre fue rara y penosa de una manera muy extraña.

También, su cara extra pálida y manera de hablar tan peculiar no ayudaba.

Obvio su nombre no era Pálida Hortaliza. Me dijo que su nombre era “Alegría” y eso era lo que le decía el rentero. Me enteré de su nombre real meses después de mudarme. Pero me dijo que se llamaba Alegría, entonces así le decía.

Nunca la he vuelto a ver en mi vida. Una vez creo que la vi en el Bar Nelson. Me vio a los ojos y sentí que vi el diablo. No sé si era ella. Iba con un metalero y se me quedaba viendo con ojos muertos mientras se fajaba con su pareja. 

Me quise mudar de inmediato, pero ya le había pagado el primer mes y depósito (lo cual oficialmente serían dos meses). Le dije que me iba a mudar porque necesitaba internet. 

Una noche regresé para darme cuenta que el único sofá que había en el departamento ya no estaba. Era de esos sofás seccionales que parecen de consultorio de psicologo. 

Me dijo que lo vendió en eBay por un dólar a alguien de Arizona (u otro estado). Lo cargó y arrastró desde el departamento hasta la frontera y a la paquetería de Estados Unidos. Pagó un chingo para mandar el sofá a su destino. Le pregunté por qué gastó más de lo que le pagaron. Me dijo que no quería que le pusieran un mal review en ebay.

Le dieron una estrella y un mal review de todas maneras. 

Entonces no estaba loca solo por estar loca, también estaba algo pendeja y hacía cosas sin sentido. Y sus mensajes demandando cosas continuaban. Que tenía que comprar ciertas cosas para “nuestro departamento.” O para “nosotros.”  

Todo eso pasó en menos de una semana.

Traté de establecer los límites de nuevo. No funciono. 


¡Se me olvidaba! 

La segunda noche que estuve ahí, escuché como lloraba en su cuarto. Le pregunté porqué lloraba. Me contestó “lloro todas las noches porque nadie me quiere.” 

Y eso hizo todas las noches.

La oí llorar cada noche que estuve ahí. Y no era como que estaba llorando silenciosamente por ella misma. No. Lloraba con gritos de llorona que se escuchaban por todo el vecindario. Y en las madrugadas, poco antes de que saliera el sol, ya estaba en su teclado cantando escalas desafinadamente. 


Para repasar.

Me pedía cosas insensatas por texto. Su trabajo era vender cosas por internet pero le perdía más de lo que le ganaba. No quería televisión en el departamento pero se la pasaba viendo películas en su laptop. Quería ser cantante pero no estaba cerca de serlo. Y aparte de todo eso, demandaba limpieza impecable. Por qué eso es lo que hacía la mayor parte del día. 

Limpiar. 

Decidí encerrarme en mi cuarto y no salir a menos de que necesitara el baño. Nunca use la cocina. Siempre comía fuera porque se quejaba de todo.

Me sentía como un prisionero en mi propio departamento.

Y así fue por otra semana.

Las cosas empeoraron.

Cada vez me pedía más cosas y cuando le decía que no, se ponía histérica. 

Me contó la historia de por qué sus papás la corrieron de su casa. Me lo dijo en su voz extraña que me gustaría poder imitarla solo para que escuchen cómo sonaba, pero tendrán que imaginarselo. La historia va algo así:

“Una vez, en la casa de mis papás estaba aburrida. Entonces agarre unos bocetos que hizo mi hermano mayor. Él estaba estudiando arte. Pues agarre sus bocetos y le heche mi regla. Y luego les enseñe que hice durante la cena.”

Se me quedó viendo y me sonrió de manera malévola. Yo no entendí a qué se refería con que le había echado su regla. De pendejo, no sabía que esto significaba menstruación. Y pensé que puso una regla en sus dibujos (lo cual no sonaba tan mal). Me empezó a gritar “¡La regla! ¡Le eche la regla! ¡LA REGLA!” Como si entre más lo gritara más le iba a entender. Ya tranquila me dijo suavemente y dándose por vencida pero con orgullo dijo “menstrue sobre los dibujos de mi hermano.”

Me lo contó como si fuera una artista visionaria. Como si esto me fuera a impresionar. Y me volvió a contar otra historia loca:

“Una tarde en mi casa, agarré a mis papás y los senté en la sala. Me quité mi cinturón y me desnudé enfrente de ellos. Agarré el cinto y empecé a pegarle al suelo lo más duro que pude mientras les gritaba ¡ESTO FUE LO QUE ME HICIERON!”

No tengo idea que le hicieron sus papás. Pero esa morra me espantaba. Quería que los dos meses se pasaran en chinga para encontrar otro lugar donde vivir. 


Fue un poco más de dos semanas viviendo con ella. Una noche llegué al departamento para encontrar una carta escrita a mano pegada en la puerta de mi cuarto. 

En la carta me acusaba de ser un mal roommate que nunca limpiaba y abusaba de ella. También en la carta decía que me iba a cobrar por la cocina y el baño por que yo no limpiaba nunca. Eso es un resumen de lo que decía la carta, pero era más extensa.

La vi esa misma noche y le dije que estaba loca por cobrar por la limpieza. Aparte de eso, me quería cobrar mucho más de lo que le pagarías a una señora de servicio. Quería como 2,000 pesos por limpiar. 

Le dije que no.

Se empezó a golpear en el pecho.

Lentamente al principio, pero a ritmo. Un poco más duro cada golpe. Como si fuera gorilla pegándose en el pecho pero con la intención de hacerse daño propio. 

Y luego lo dijo.

“Voy a llamarle a la policía y decirles que me violaste.”

Y se empezó a pegar con más violencia.

Me metí a mi cuarto en pánico. Publiqué en Facebook mi situación en la que estaba. Diciendo que si pasa a mayores, iba a necesitar apoyo de la gente. Abrí la puerta para ver la situación y se seguía pegando. 

Salí del departamento y fui a la gasolinera de al lado. Ahí estaba él que era encargado de los departamentos. Me dijo que todos lo conocen como “Tache.” Aunque era tarde, ahí seguía con su bigote fornido color blanco y gris y sus manos llenas de grasa. Paniqueando, le conté lo que estaba sucediendo.

Tache nada más me dijo “¿se le botó la canica, verda’?”

Le pregunté sobre el departamento vacío que estaba abajo del que compartía con ella. Le pregunté si me podía mudar ahí esa misma noche. Tache me calmó y me dijo que no me preocupara por Alegría. Me dio las llaves del departamento de abajo y fue a hablar con ella. 

Ya se había calmado, pero tenía moretones en su pecho y en sus brazos y algo de sangre en su frente. 

Le dije a Tache que le dijera Alegría que nada más iba agarrar mis cosas y ya me iba a salir del departamento. Agarré mi iMac y mi colchón y otras cosas básicas y me fui al departamento de abajo. 

La siguiente mañana, con la ayuda de el Tache, fui de regreso por el resto de mis cosas.

Alegría se salió del departamento al patio común (que estaba bien feo) se sentó en una silla de plástico, agarró un libro grande de código de computadora, pretendió leerlo mientras me observaba cargar mis cosas de su departamento a mi nuevo departamento. 

Nunca dijo nada.

Yo nunca le dije nada.

Un par de días después desapareció.

Tache me dijo que abandonó cosas en el departamento. Dejó su banda de cartón mal pintado. Ropa y tacones rotos. Libros y cuadernos rayados con su poesía y su arte. Y otras mierdas que se fueron directo a la basura. 

También Tache me informó que no había pagado renta por meses y se fue con las llaves. El dinero que yo le pagué nunca fue para la renta. 

Lo único que se llevó fue su teclado. 

Y después de todo eso, ya tenía mi propio departamento de dos cuartos en el centro de Tijuana al mismo precio de $280. El departamento era un asco porque nadie había vivido ahí en meses.  El Tache me dio dos semanas gratis porque entendió la situación. 

¡Gracias Tache! 

Realmente te la rifaste.

Capítulo 10: Nuevo Departamento y Zona Norte con Nuevo Roommate.

Estoy trabajando en traducir mi libro Tijuana Adventure: Confessions of a Tour Guide, encuéntralo en Inglés en Amazon.

En los siguientes días estaré posteando mi “draft” antes de finalizar el libro en Español y buscar a un publicista o agencia en México que quiera publicarlo para que se difunda por la República Mexicana. Si te gusta lo que escribo, también puedes apoyarme en mi Patreon.

Fotografía: @Baja_Boudoir

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