Aventuras en Tijuana – Capítulo 1: Cómo Llegue a Ser

Capítulo 1: Cómo Llegue a Ser

Me acuerdo perfectamente en el momento en el que dije “Tijuana Adventure” así le pondré a mis tours. Quería algo obvio. Un amigo trabajaba de instructor de rappel en un lugar en Puerto Vallarta que se llamaba “Vallarta Adventures.” Algo fácil de buscar en Google. Muchas ciudades tienen guías o algo parecido a “Ciudad Adventure.” Hasta existe una página de internet que se llama “urbanadventures.com” y te manda a guías locales. Tipo Airbnb pero para guías. Ya hasta Airbnb tiene guías.

No sabía que existía esa página cuando hice mi página. Airbnb todavía ni existía.

Eran alrededor de las 7:20 pm un jueves de enero del 2012.  Solo llevaba viviendo en Tijuana un par de meses. Salí de el Hotel Velario de la Zona Norte después de la noche más sexualmente salvaje que he tenido. Saqué mi celular y le marqué a mi amigo “El Brown,” mi primer amigo en Tijuana. Mientras le comentaba todo lo que hice la noche anterior, me di cuenta que en la bolsa de mi hoodie tenía $37 dólares que no eran míos. Eran de la prostituta con la que me acababa de quedar. Le colgué a Brown para dirigirme al hotel para regresarle su dinero. Cuando llegué al hotel, me di cuenta que no sabía en qué cuarto estaba ni cuál era su nombre real.

Lo que pasa en la Zona Norte puede ser una pinche locura. Es Las Vegas pero en esteroides y es mucho más barato. ¡Qué barato! ¡Ah! Y con menos leyes que Las Vegas. Es el lugar más feliz o el lugar más triste depende de quién seas. He sido guía de el área y de todo Tijuana desde esa noche. 

Han pasado más de 10 años explorando Tijuana, trayendo conmigo extraños de cualquier parte del mundo. He organizado muchas despedidas de soltero y me han pagado bastante por ello. Y ahora escribo esto. Casi una década de experiencias como guía y como Tijuanense. Las experiencias más memorables. 


Era un guía de turistas antes de ser oficialmente un guía de turistas. Era un guía antes de vivir o conocer muy bien a Tijuana. 

Empecé a visitar a principios de el 2010 cuando mi hermano el de enmedio se mudo de San Diego a Tj. Yo vivía en Los Ángeles con mi otro hermano mayor (yo soy el menor). Después de graduarme de la universidad en el 2008, me puse a trabajar de paparazzo (pero ese es otro libro). En ese entonces, visitaba a mi hermano el de enmedio en Pacific Beach muy seguido. Justo salido de la universidad y Pacific Beach son ideales uno para el otro.

No sabía de la existencia de Tijuana ni me importaba. Como cualquier otra persona, conocía el nombre, pero no tenía interés de visitar ni sabía que estaba tan cerca de San Diego. Para mí, simplemente no existía mucho mundo afuera de mi burbuja de California. Y de repente, mi hermano se mudó a Tijuana porque se enamoró de una Tijuanense.


Tijuana no es México.

Me di cuenta de eso en mi segunda visita. O por lo menos no es el México en el que yo crecí. Pasé mi niñez y la mayor parte de mi adolescencia en el área fresa de Querétaro hasta el último año de prepa cuando me mudé a Michigan (y después a Minnesota para la universidad).

Tijuana no se parece mucho al resto de México. Es estúpido el momento en el que me di cuenta. Estaba en La Mezcalera cuando la canción de Santeria de Sublime empezó a sonar en la rockola. Todos en el bar la cantaron sin acento. Los Tijuanenses hablan mejor inglés que la mayoría de los Mexicanos sin tener que haber tomado una clase.

En mi primera visita a Tijuana mi cuñada me llevó a un lugar culero que se llama Red Lion. Creo que ya no existe ese lugar. No fue una experiencia muy grata. Fue muy barato, especialmente porque yo venía de Los Ángeles. Pero era un bar fresa equis cualquiera. Al parecer, mi cuñada pensaba que era de lo más fresa que pensó que sería lo mejor para mi. Se equivocó. 

Odié a Tijuana.

No era para nada como Los Ángeles con todo su glamour. Y en ese entonces, yo amaba LA. Me encantaba vivir ahí. Me gustaba tanto que tengo un tatuaje de un atardecer en una playa inspirado en Venice Beach, donde empecé a surfear. LA era el centro del planeta para mi. 

En el 2011, cansado de mi trabajo de paparazzo, me fui en un viaje en mi Mazda 6 2006, llamado Eddie, manejando por todo Estados Unidos. Visité amigos y familia y me quedé con extraños a través de Couchsurfing y Craigslist. Empecé de Los Ángeles hacía Las Vegas. De ahí a Denver, West Des Moines, Detroit, Kalamazoo, de regreso a Detroit, Chicago, Minneapolis, cruce North Dakota, me quedé en un lugar extraño llamado Miles City en Montana, luego Spokane, Portland, Seattle, Vancouver, de regreso a Seattle y de bajada por Eugene, San Francisco, Santa Cruz, y de regreso a Los Ángeles.

Ya no era el mismo cuando regresé. LA (‘el ey’) perdió su encanto. Era falso. No significaba nada. Y odiaba mi trabajo.

Dejé de trabajar de paparazzo en mayo del 2012. No quería seguir en LA y mucho menos seguir trabajando de eso. No quería quedarme en ningún lado. Quería vagar y viajar por el mundo. Deshacerme de todas mis pertenencias y solo viajar. Me quedé en Los Ángeles por un par de meses trabajando de paparazzo, pero sin esfuerzo.

Ese verano, visité Montreal para la boda de mi amigo “El Chintro”. Montreal me encantó lo cual me convenció de irme de Los Ángeles todavía más. 

Ese verano, mi hermano el de enmedio también se casó en Tijuana. No tenía a donde ir ni donde vivir. Para tener un lugar cerca de la boda y para quedarme cerca de mi hermano mientras decidía qué hacer con mi vida, renté un cuarto en el norte de San Diego en un vecindario aburrido que se llama Rancho Peñasquitos. Quería estar cerca de la boda y de Tijuana, pero definitivamente no quería vivir ahí, mucho menos en Tijuana.

Era una casa grande pero mal cuidada de cuatro cuartos con tres roommates. Pagaba $560 dólares al mes por el cuarto más chico de la casa. Mi plan era crecer marihuana (legalmente) y venderla a dispensarios en California, regresar a la universidad, y sacar mi maestría en música. Lo que siempre quise hacer. 

Una de los roommates tenía dos gatos extraños y ella también era algo rara. El otro era una alcoholico libertariano obsesionado con pistolas y tomar vodka barato (Karkov). Cada mañana se tomaba dos o tres shots de ese vodka de botella de plástico antes de irse a trabajar. Cuando llegaba de trabajar se tomaba unos diez shots antes de irse a dormir. Los fines de semana se despertaba a tomarse uno o dos litros de esa madre asquerosa. El último roommate era un güero de rancho (country boy) huérfano, perdió a sus padres a temprana edad. Pensé que él era el que no me iba a caer bien, es al único que todavía le hablo y le tengo respeto. 

Rancho Peñasquitos (o Rancho PQ ‘pi kiu’ para los Gringos) está básicamente tan lejos del centro de San Diego como del centro de Tijuana. Empecé a visitar Tijuana frecuentemente cuando podía. 

La casa en Rancho PQ acabó en ruinas. La roommate extraña y el libertariano alcohólico nos traicionaron cuando dijeron que se iban a mudar a otra casa y no éramos bienvenidos. Nos dejaron una casa hecha un desmadre y nos dijeron “ahí se arreglan con el dueño si quieren seguir aquí.” Tratamos de conseguir roommates pero sabíamos que no iba a ser un trámite ni fácil ni agradable. Me tuve que mudar. Rápidamente. Y deshacerme de todas mis plantas. 

Cruce la frontera con mis pocas pertenencias y las deje en la casa de mi hermano en Tijuana. Volé a Querétaro para visitar a mis papás y amigos y para ver si era buena idea regresar a vivir ahí. No me gusto. No vi mi futuro ahí. Se me hizo aburrido. Una ciudad para casarse y tener una familia. Para nada una ciudad donde vivir después de 5 años en Los Ángeles. 

Acabé mudandome a un departamento de un cuarto en Tijuana atrás de una calle repleta de tacos (Las Ahumaderas) en La Cacho. Pagaba $350 dólares al mes y la dueña era la mamá de un amigo pocho de mi hermano (él también vivía ahí, el buen Lions). 

El Lions trabajaba diario en San Diego en un call center. Yo planeaba hacer lo mismo. Cruzar a diario la frontera para trabajar donde sea. Fue demasiado para mi. La frontera o “la pinche línea” tardaba más de dos horas para poder cruzar y no estaba sacando buen trabajo en San Diego. Acepte varios trabajos para simplemente nunca ir. Viví meses en Tijuana acabandome todos mis ahorros. Acabé vendiendo mi carro para poder pagar renta. El Mazda 6 2006 lo vendí en $6,600 dólares. Eso me duró unos 6 meses en Tijuana haciendo absolutamente nada más que perdiéndome en la ciudad, en el alcohol, y en mi mente. 

Tenía 25 años de edad y no tenía idea que vergas hacer de mi vida.

Capítulo 2. Primera vez en Hong Kong.

Estoy trabajando en traducir mi libro Tijuana Adventure: Confessions of a Tour Guide, encuéntralo en Inglés en Amazon.

En los siguientes días estaré posteando mi “draft” antes de finalizar el libro en Español y buscar a un publicista o agencia en México que quiera publicarlo para que se difunda por la República Mexicana. Si te gusta lo que escribo, también puedes apoyarme en mi Patreon.

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